domingo, 28 de julio de 2013

28 de 31 días con Ignacio

Contemplativos en acción.



por Andy Otto



Recuerdo un viejo cartel vocación Jesuita que mostraba una caricatura de un Jesuita con su nariz en un libro, mientras estaba serruchando un pedazo de madera con los dientes de un cocodrilo. El texto del cartel decía: "contemplativos en la acción." Esta es una comprensión caricaturesca de lo que significa ser un contemplativo en la acción, donde su intelecto está comprometido al tiempo que trata de hacer el trabajo esencial del mundo. Ser un contemplativo en la acción es más de lo que expresa el cartel y ciertamente no es sólo para intelectuales.

En los Evangelios escuchamos acerca de Jesús y sus discípulos, que se alejaban cada cierto tiempo para orar. Su ministerio no parece que les permitiera mucho tiempo para ello, pero si no hubieran dejado de vez en cuando, sus actividades podrían haberse convertido en un “sin sentido”. Este es el primer paso para ser un contemplativo en acción: parar.

Parar te da la oportunidad de hacer una pausa y reconocer lo que has estado haciendo, ya sea en tu trabajo o vida personal. No sólo te ofrece descanso necesario, pero también te ayuda a moverte a la siguiente etapa: la reflexión.

"Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado." (Mc 6,30)

Jesús y los apóstoles hablaban entre sí sobre todo lo que hicieron, oraron y reflexionaron, examinan sus sentimientos y experiencias. Al reflexionar sobre nuestras experiencias diarias y de manera particular las más importantes podemos ahondar en su significado más profundo. Esto se puede realizar de manera individual usando el Examen de Conciencia, o se puede hacer con un grupo en el intercambio intencional de la fe. ¿Qué aprendiste de tu experiencia? ¿Qué podría estar diciendo Dios a través de ellos?

A continuación los discípulos regresaron a su trabajo cotidiano, ya que tenían cosas que hacer. La clave aquí es dejar que tu reflexión y oración te acerquen a tu trabajo cuando vuelva a él. Tal vez descubras la necesidad de más tiempo de descanso o que tú necesitas centrarte más en una relación particular. O tal vez te encuentras con que la actividad que has estado haciendo se ha convertido en insatisfactoria. O tal vez descubres el deseo de dar un nuevo impulso a tu trabajo.

La contemplación nos permite renovar nuestra vida activa (trabajar, jugar, relaciones) de manera que todo lo que hacemos no se convierta en acción sin sentido, sino que glorifique a Dios. A continuación, el ciclo se repite. Tu actividad te lleva de nuevo a un tiempo de parar, descansar, reflexionar y luego regresar a la actividad con mayor celo y finalidad. Ser un contemplativo en la acción significa que tu vida activa alimenta tu vida contemplativa y la vida contemplativa informa a tu vida activa. Eso es la contemplación en medio de la acción y el ciclo nunca termina.

Traducción por MARM (artículo original de LoyolaPress, aquí

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